
Materiales: Hierro esmaltado, acero, latón (mecanismo), baquelita
Sistema: Cierre ovalado con presión interna autoestanque
Procedencia: Colección Óscar Baiges
Unidades: 1 ejemplar (modelo esmaltado posterior)
Documentación asociada: patente nº 71.143 (1919), recetario “360 fórmulas…”, publicidad original
Fotografías: José Porroche y Óscar Baiges
La olla exprés es uno de los inventos más transformadores de la vida doméstica moderna, y sin embargo apenas ocupa espacio en el relato del diseño. Su origen no está en una gran industria internacional, sino en Zaragoza, donde en 1919 el militar e inventor José Alix Martínez patentó por primera vez un sistema doméstico de cocción a presión.
A partir de ese momento, y gracias a la colaboración con Camilo Bellvis Calatayud, el invento se industrializó y se difundió rápidamente, convirtiéndose en un objeto cotidiano capaz de reducir hasta un 80% el tiempo de cocinado y el consumo de combustible.
Pero la verdadera clave de su éxito no fue solo técnica. En 1924, en la imprenta zaragozana Industrias Gráficas Alfredo Uriarte, se publica “360 fórmulas de cocina para guisar con la olla exprés”, un recetario que no solo enseñaba a usar el objeto, sino que transformaba la cultura doméstica desde dentro.
Este proyecto se sitúa en ese cruce entre invención, industria y vida cotidiana. Un objeto nacido de la urgencia militar que terminó redefiniendo el hogar.

Olla exprés CBC. Versión esmaltada de producción industrial. c. 1930–1950

Sistema de cierre ovalado. Tapa interior y mecanismo de presión
Antes de ser un icono doméstico, la olla exprés fue una solución práctica a un problema muy concreto: cocinar rápido.
En 1919, José Alix Martínez, capitán del Regimiento de Cazadores “Castillejos” en Zaragoza, registra la primera patente de lo que denomina “olla exprés”. No se trata de una evolución menor, sino de un cambio radical: por primera vez, la cocción a presión se adapta a un uso doméstico, portátil, seguro y reproducible.
Su origen militar no es anecdótico. La necesidad de alimentar a grupos numerosos en condiciones limitadas exige eficiencia, rapidez y control de recursos. La olla exprés responde exactamente a esa lógica: menos tiempo, menos combustible, más rendimiento.
Pero lo verdaderamente relevante no es solo la invención, sino su capacidad de pasar del ámbito técnico al cotidiano. Ahí es donde empieza su historia real.

Primera olla exprés de José Alix Martínez de 1924. Aparece la chapa con la expresión "marca depositada y referencia a la patente nº 71.143"
El principio físico de la olla a presión no es nuevo. En el siglo XVII, el físico francés Denis Papin desarrolló el llamado “digestor”, un recipiente hermético que utilizaba vapor a presión para acelerar la cocción.
Sin embargo, aquel artefacto nunca llegó al ámbito doméstico. Era complejo, pesado y pensado más como dispositivo experimental o industrial que como objeto cotidiano.
La aportación de Alix no consiste en descubrir el principio, sino en hacerlo usable. Simplificarlo, reducirlo y convertirlo en herramienta doméstica. Ese paso —aparentemente menor— es en realidad el salto decisivo.

Registro de marca asociado a la patente nº 71.143 (1919). Primera formalización del sistema doméstico de cocción a presión
Como ocurre con muchos inventos, la capacidad de producción y difusión no está en manos del inventor.
En 1924, José Alix Martínez cede los derechos de su patente a la empresa de Camilo Bellvis Calatayud y José Montesano. A partir de ese momento, la olla pasa a fabricarse de forma sistemática bajo la marca CBC.
Este punto es clave, y también origen de una confusión histórica que todavía persiste: Bellvis no es el inventor, pero sí el responsable de su desarrollo industrial y su expansión.
La magnitud de esta confusión queda reflejada incluso en el espacio público. En el Monumento a la Industria de la Plaza Mozart puede leerse todavía una atribución incorrecta que sitúa a Bellvis como inventor de la olla a presión. Un error institucional que revela hasta qué punto el relato industrial ha eclipsado al origen real del objeto.

Copia simple de la escritura de venta otorgada por don Jose Alix Martinez a favor de la sociedad mercantil “Bellvis y Montesano”. 12 de diciembre de 1924
Más allá de su historia, la olla exprés es un ejercicio de diseño extraordinario.
Su innovación principal no está en la presión, sino en cómo se gestiona. El sistema de cierre ovalado permite introducir la tapa dentro del cuerpo de la olla y fijarla desde el interior. A diferencia de sistemas anteriores basados en tornillos o abrazaderas externas, aquí es la propia presión del vapor la que refuerza el cierre.
A mayor presión, mayor estanqueidad.
Este principio —simple, elegante y eficaz— convierte la olla en un sistema autoajustado. No necesita complejidad mecánica excesiva: funciona porque está bien pensada.
Es, en esencia, diseño.

Hay un elemento que forma parte inseparable de la olla exprés: el silbido.
Ese sonido, producido por la válvula al liberar vapor, no es un efecto secundario. Es un sistema de comunicación. Indica que la presión es la adecuada y que el proceso está en marcha.
Durante décadas, ese silbido ha sido una señal doméstica reconocible en millones de hogares.
No se ve.
Pero se escucha.
Y forma parte del diseño.

Recetario 360 fórmulas de cocina para guisar con la olla expres
Si la olla exprés es el objeto, el recetario es el sistema.
En septiembre de 1924 se publica en Zaragoza, en Industrias Gráficas Alfredo Uriarte (calle Don Jaime I), el libro “360 fórmulas de cocina para guisar con la olla exprés”. Un manual que no solo explica el uso del artefacto, sino que lo integra en la vida cotidiana.
La cubierta es reveladora: una mujer cocina mientras un ángel le entrega la olla exprés. Al fondo, una olla tradicional aparece triste, desplazada, casi obsoleta.
No es solo una imagen publicitaria. Es un relato.
La tecnología no se presenta como herramienta, sino como promesa: rapidez, eficiencia, modernidad. El recetario actúa como interfaz entre el objeto y la cultura doméstica, traduciendo una innovación técnica en hábito cotidiano.
Aquí es donde realmente se produce la adopción.



Publicidad de la olla exprés. España, década de 1920–30
Publicidad de la olla exprés. España, década de 1920–30
Publicidad de la olla exprés. España, década de 1920–30
La olla exprés no solo se fabricó. Se explicó.
La publicidad de la época no se limita a mostrar el objeto, sino que construye un discurso completo alrededor de su uso. En los anuncios aparece de forma recurrente una mujer —el usuario previsto— acompañada de un lenguaje directo, casi didáctico:
El mensaje es claro: cocinar no es solo cocinar, es tiempo perdido.
Pero lo más interesante no es el argumento económico, sino el cambio de lógica que introduce. La publicidad no vende una mejora incremental, sino una ruptura:
Por primera vez, el tiempo de cocina deja de ser continuo para convertirse en algo programable. El conocimiento ya no reside en la experiencia de quien cocina, sino en el propio objeto.
La olla exprés no simplifica la cocina.
La redefine.

Publicidad de la olla exprés. De la explicación al deseo. España, 1959
El éxito del sistema fue inmediato.
A partir de los primeros modelos desarrollados en Zaragoza, comienzan a aparecer variantes y competidores. En 1922, el militar oscense Tomás Peiré Cabaleiro patenta una “marmita a cierre hermético” con una lógica similar. En paralelo, la llamada Marmita Hispano, fabricada en Vizcaya, evidencia que la idea ya está en circulación.
Sin embargo, no todas las soluciones prosperan.
La diferencia no está solo en la invención, sino en su capacidad de producción, distribución y adopción. En ese sentido, la olla desarrollada a partir de la patente de Alix y fabricada por Bellvis se convierte en el estándar.
A partir de ahí, el modelo se replica, evoluciona y se internacionaliza. En pocas décadas, la olla a presión deja de ser un objeto localizado para convertirse en un elemento universal.

Diploma obtenido por la olla de José Alix Martínez y producida por CBC (Camilo Bellvis Calatayud y José Montesano), en la Exposición Internacional de Bruselas. Grand Prix, 1924
El argumento principal de la olla exprés es cuantificable:
• reducción de hasta un 80% en el consumo de combustible
• reducción drástica del tiempo de cocción
Pero su impacto real va más allá de estos datos.
Lo que transforma no es solo la eficiencia, sino la estructura del tiempo doméstico. Cocinar deja de ser una actividad que exige presencia constante para convertirse en una operación acotada.
Esto tiene una consecuencia directa:
Durante décadas, la cocina había sido un espacio de dedicación continua, especialmente para las mujeres. La olla exprés introduce una grieta en ese sistema, permitiendo reorganizar la jornada.
No es una revolución visible, pero sí profunda.
La historia de la olla exprés no es lineal. Y tampoco lo es su autoría.
Aunque la patente original corresponde a José Alix Martínez, la industrialización y expansión del producto bajo la marca CBC ha generado, con el tiempo, una atribución errónea a Camilo Bellvis Calatayud que aún persiste en algunos relatos.
El caso del Monumento a la Industria en la Plaza Mozart de Zaragoza es especialmente significativo: una inscripción pública fija esa autoría incorrecta, consolidando una versión que contradice la documentación histórica.
Este desajuste no es anecdótico.
Revela cómo el relato industrial —quien fabrica, quien distribuye, quien escala— puede imponerse sobre el origen real de una invención.
La olla exprés no solo es un objeto.
Es también un ejemplo de cómo se construye (y se distorsiona) la memoria del diseño.

El modelo que forma parte de esta colección no es el primero patentado, sino una versión posterior esmaltada, correspondiente a la evolución industrial del producto.
Fabricada en hierro esmaltado verde, pertenece a una serie que se produjo en múltiples tamaños, desde formatos domésticos hasta grandes capacidades destinadas a colectividades e incluso al uso militar.
Su interés no reside en la rareza, sino en la continuidad.
Es un objeto que mantiene intacta la lógica del diseño original:
• cierre ovalado
• sistema de presión
• estructura mecánica visible
No es un prototipo.
Es el sistema en funcionamiento.
No es un objeto.
Es una forma de organizar el tiempo.
Y precisamente por eso, permite entender cómo una idea se convierte en estándar.
Este objeto forma parte de una colección centrada en aquello que rara vez se considera diseño, pero que ha definido nuestra vida cotidiana con más precisión que muchos objetos icónicos.
La olla exprés es uno de esos objetos que han transformado la vida cotidiana sin convertirse en iconos reconocidos.
No tiene autor visible, no pertenece a una corriente estética, no aparece en los manuales de diseño. Y sin embargo, ha modificado profundamente la relación entre tiempo, energía y vida doméstica.
Su historia no es la de un objeto excepcional.
Es la de una idea que funciona.
Y que, por eso mismo, permanece.

Interior del catálogo "Evolución–Evolución. Una retrospectiva del producto industrial y la empresa en Aragón". Editado por Gobierno de Aragón, 2001)
La olla exprés forma parte también del relato industrial aragonés contemporáneo. Su desarrollo y difusión han sido recogidos en publicaciones como Evolución–Evolución. Una retrospectiva del producto industrial y la empresa en Aragón (Gobierno de Aragón, 2001), donde se documenta el papel de CBC y su impacto en la modernización de la vida doméstica.
No es solo un objeto cotidiano.
Es parte de la historia productiva del territorio.
Patente nº 71.143 (1919), Oficina Española de Patentes y Marcas
360 fórmulas de cocina para guisar con la olla exprés (Zaragoza, 1924)
Evolución-Evolución. Una retrospectiva del producto industrial y la empresa en Aragón (Gobierno de Aragón, 2001)
Francisco Abad Alegría, Líneas maestras de la gastronomía…
Archivo histórico y documentación industrial CBC
Prensa y publicaciones divulgativas especializadas
Ejemplares de estas primeras ollas exprés forman parte hoy de colecciones como las del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT), donde se conservan como testimonio de una de las innovaciones domésticas más influyentes del siglo XX.

Materiales: Hierro esmaltado, acero, latón (mecanismo), baquelita
Sistema: Cierre ovalado con presión interna autoestanque
Procedencia: Colección Óscar Baiges
Unidades: 1 ejemplar (modelo esmaltado posterior)
Documentación asociada: patente nº 71.143 (1919), recetario “360 fórmulas…”, publicidad original
Fotografías: José Porroche y Óscar Baiges
La olla exprés es uno de los inventos más transformadores de la vida doméstica moderna, y sin embargo apenas ocupa espacio en el relato del diseño. Su origen no está en una gran industria internacional, sino en Zaragoza, donde en 1919 el militar e inventor José Alix Martínez patentó por primera vez un sistema doméstico de cocción a presión.
A partir de ese momento, y gracias a la colaboración con Camilo Bellvis Calatayud, el invento se industrializó y se difundió rápidamente, convirtiéndose en un objeto cotidiano capaz de reducir hasta un 80% el tiempo de cocinado y el consumo de combustible.
Pero la verdadera clave de su éxito no fue solo técnica. En 1924, en la imprenta zaragozana Industrias Gráficas Alfredo Uriarte, se publica “360 fórmulas de cocina para guisar con la olla exprés”, un recetario que no solo enseñaba a usar el objeto, sino que transformaba la cultura doméstica desde dentro.
Este proyecto se sitúa en ese cruce entre invención, industria y vida cotidiana. Un objeto nacido de la urgencia militar que terminó redefiniendo el hogar.

Olla exprés CBC. Versión esmaltada de producción industrial. c. 1930–1950

Sistema de cierre ovalado. Tapa interior y mecanismo de presión
Antes de ser un icono doméstico, la olla exprés fue una solución práctica a un problema muy concreto: cocinar rápido.
En 1919, José Alix Martínez, capitán del Regimiento de Cazadores “Castillejos” en Zaragoza, registra la primera patente de lo que denomina “olla exprés”. No se trata de una evolución menor, sino de un cambio radical: por primera vez, la cocción a presión se adapta a un uso doméstico, portátil, seguro y reproducible.
Su origen militar no es anecdótico. La necesidad de alimentar a grupos numerosos en condiciones limitadas exige eficiencia, rapidez y control de recursos. La olla exprés responde exactamente a esa lógica: menos tiempo, menos combustible, más rendimiento.
Pero lo verdaderamente relevante no es solo la invención, sino su capacidad de pasar del ámbito técnico al cotidiano. Ahí es donde empieza su historia real.

Primera olla exprés de José Alix Martínez de 1924. Aparece la chapa con la expresión "marca depositada y referencia a la patente nº 71.143"
El principio físico de la olla a presión no es nuevo. En el siglo XVII, el físico francés Denis Papin desarrolló el llamado “digestor”, un recipiente hermético que utilizaba vapor a presión para acelerar la cocción.
Sin embargo, aquel artefacto nunca llegó al ámbito doméstico. Era complejo, pesado y pensado más como dispositivo experimental o industrial que como objeto cotidiano.
La aportación de Alix no consiste en descubrir el principio, sino en hacerlo usable. Simplificarlo, reducirlo y convertirlo en herramienta doméstica. Ese paso —aparentemente menor— es en realidad el salto decisivo.

Registro de marca asociado a la patente nº 71.143 (1919). Primera formalización del sistema doméstico de cocción a presión
Como ocurre con muchos inventos, la capacidad de producción y difusión no está en manos del inventor.
En 1924, José Alix Martínez cede los derechos de su patente a la empresa de Camilo Bellvis Calatayud y José Montesano. A partir de ese momento, la olla pasa a fabricarse de forma sistemática bajo la marca CBC.
Este punto es clave, y también origen de una confusión histórica que todavía persiste: Bellvis no es el inventor, pero sí el responsable de su desarrollo industrial y su expansión.
La magnitud de esta confusión queda reflejada incluso en el espacio público. En el Monumento a la Industria de la Plaza Mozart puede leerse todavía una atribución incorrecta que sitúa a Bellvis como inventor de la olla a presión. Un error institucional que revela hasta qué punto el relato industrial ha eclipsado al origen real del objeto.

Copia simple de la escritura de venta otorgada por don Jose Alix Martinez a favor de la sociedad mercantil “Bellvis y Montesano”. 12 de diciembre de 1924
Más allá de su historia, la olla exprés es un ejercicio de diseño extraordinario.
Su innovación principal no está en la presión, sino en cómo se gestiona. El sistema de cierre ovalado permite introducir la tapa dentro del cuerpo de la olla y fijarla desde el interior. A diferencia de sistemas anteriores basados en tornillos o abrazaderas externas, aquí es la propia presión del vapor la que refuerza el cierre.
A mayor presión, mayor estanqueidad.
Este principio —simple, elegante y eficaz— convierte la olla en un sistema autoajustado. No necesita complejidad mecánica excesiva: funciona porque está bien pensada.
Es, en esencia, diseño.

Hay un elemento que forma parte inseparable de la olla exprés: el silbido.
Ese sonido, producido por la válvula al liberar vapor, no es un efecto secundario. Es un sistema de comunicación. Indica que la presión es la adecuada y que el proceso está en marcha.
Durante décadas, ese silbido ha sido una señal doméstica reconocible en millones de hogares.
No se ve.
Pero se escucha.
Y forma parte del diseño.

Recetario 360 fórmulas de cocina para guisar con la olla expres
Si la olla exprés es el objeto, el recetario es el sistema.
En septiembre de 1924 se publica en Zaragoza, en Industrias Gráficas Alfredo Uriarte (calle Don Jaime I), el libro “360 fórmulas de cocina para guisar con la olla exprés”. Un manual que no solo explica el uso del artefacto, sino que lo integra en la vida cotidiana.
La cubierta es reveladora: una mujer cocina mientras un ángel le entrega la olla exprés. Al fondo, una olla tradicional aparece triste, desplazada, casi obsoleta.
No es solo una imagen publicitaria. Es un relato.
La tecnología no se presenta como herramienta, sino como promesa: rapidez, eficiencia, modernidad. El recetario actúa como interfaz entre el objeto y la cultura doméstica, traduciendo una innovación técnica en hábito cotidiano.
Aquí es donde realmente se produce la adopción.



Publicidad de la olla exprés. España, década de 1920–30
Publicidad de la olla exprés. España, década de 1920–30
Publicidad de la olla exprés. España, década de 1920–30
La olla exprés no solo se fabricó. Se explicó.
La publicidad de la época no se limita a mostrar el objeto, sino que construye un discurso completo alrededor de su uso. En los anuncios aparece de forma recurrente una mujer —el usuario previsto— acompañada de un lenguaje directo, casi didáctico:
El mensaje es claro: cocinar no es solo cocinar, es tiempo perdido.
Pero lo más interesante no es el argumento económico, sino el cambio de lógica que introduce. La publicidad no vende una mejora incremental, sino una ruptura:
Por primera vez, el tiempo de cocina deja de ser continuo para convertirse en algo programable. El conocimiento ya no reside en la experiencia de quien cocina, sino en el propio objeto.
La olla exprés no simplifica la cocina.
La redefine.

Publicidad de la olla exprés. De la explicación al deseo. España, 1959
El éxito del sistema fue inmediato.
A partir de los primeros modelos desarrollados en Zaragoza, comienzan a aparecer variantes y competidores. En 1922, el militar oscense Tomás Peiré Cabaleiro patenta una “marmita a cierre hermético” con una lógica similar. En paralelo, la llamada Marmita Hispano, fabricada en Vizcaya, evidencia que la idea ya está en circulación.
Sin embargo, no todas las soluciones prosperan.
La diferencia no está solo en la invención, sino en su capacidad de producción, distribución y adopción. En ese sentido, la olla desarrollada a partir de la patente de Alix y fabricada por Bellvis se convierte en el estándar.
A partir de ahí, el modelo se replica, evoluciona y se internacionaliza. En pocas décadas, la olla a presión deja de ser un objeto localizado para convertirse en un elemento universal.

Diploma obtenido por la olla de José Alix Martínez y producida por CBC (Camilo Bellvis Calatayud y José Montesano), en la Exposición Internacional de Bruselas. Grand Prix, 1924
El argumento principal de la olla exprés es cuantificable:
• reducción de hasta un 80% en el consumo de combustible
• reducción drástica del tiempo de cocción
Pero su impacto real va más allá de estos datos.
Lo que transforma no es solo la eficiencia, sino la estructura del tiempo doméstico. Cocinar deja de ser una actividad que exige presencia constante para convertirse en una operación acotada.
Esto tiene una consecuencia directa:
Durante décadas, la cocina había sido un espacio de dedicación continua, especialmente para las mujeres. La olla exprés introduce una grieta en ese sistema, permitiendo reorganizar la jornada.
No es una revolución visible, pero sí profunda.
La historia de la olla exprés no es lineal. Y tampoco lo es su autoría.
Aunque la patente original corresponde a José Alix Martínez, la industrialización y expansión del producto bajo la marca CBC ha generado, con el tiempo, una atribución errónea a Camilo Bellvis Calatayud que aún persiste en algunos relatos.
El caso del Monumento a la Industria en la Plaza Mozart de Zaragoza es especialmente significativo: una inscripción pública fija esa autoría incorrecta, consolidando una versión que contradice la documentación histórica.
Este desajuste no es anecdótico.
Revela cómo el relato industrial —quien fabrica, quien distribuye, quien escala— puede imponerse sobre el origen real de una invención.
La olla exprés no solo es un objeto.
Es también un ejemplo de cómo se construye (y se distorsiona) la memoria del diseño.

El modelo que forma parte de esta colección no es el primero patentado, sino una versión posterior esmaltada, correspondiente a la evolución industrial del producto.
Fabricada en hierro esmaltado verde, pertenece a una serie que se produjo en múltiples tamaños, desde formatos domésticos hasta grandes capacidades destinadas a colectividades e incluso al uso militar.
Su interés no reside en la rareza, sino en la continuidad.
Es un objeto que mantiene intacta la lógica del diseño original:
• cierre ovalado
• sistema de presión
• estructura mecánica visible
No es un prototipo.
Es el sistema en funcionamiento.
No es un objeto.
Es una forma de organizar el tiempo.
Y precisamente por eso, permite entender cómo una idea se convierte en estándar.
Este objeto forma parte de una colección centrada en aquello que rara vez se considera diseño, pero que ha definido nuestra vida cotidiana con más precisión que muchos objetos icónicos.
La olla exprés es uno de esos objetos que han transformado la vida cotidiana sin convertirse en iconos reconocidos.
No tiene autor visible, no pertenece a una corriente estética, no aparece en los manuales de diseño. Y sin embargo, ha modificado profundamente la relación entre tiempo, energía y vida doméstica.
Su historia no es la de un objeto excepcional.
Es la de una idea que funciona.
Y que, por eso mismo, permanece.

Interior del catálogo "Evolución–Evolución. Una retrospectiva del producto industrial y la empresa en Aragón". Editado por Gobierno de Aragón, 2001)
La olla exprés forma parte también del relato industrial aragonés contemporáneo. Su desarrollo y difusión han sido recogidos en publicaciones como Evolución–Evolución. Una retrospectiva del producto industrial y la empresa en Aragón (Gobierno de Aragón, 2001), donde se documenta el papel de CBC y su impacto en la modernización de la vida doméstica.
No es solo un objeto cotidiano.
Es parte de la historia productiva del territorio.
Patente nº 71.143 (1919), Oficina Española de Patentes y Marcas
360 fórmulas de cocina para guisar con la olla exprés (Zaragoza, 1924)
Evolución-Evolución. Una retrospectiva del producto industrial y la empresa en Aragón (Gobierno de Aragón, 2001)
Francisco Abad Alegría, Líneas maestras de la gastronomía…
Archivo histórico y documentación industrial CBC
Prensa y publicaciones divulgativas especializadas
Ejemplares de estas primeras ollas exprés forman parte hoy de colecciones como las del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT), donde se conservan como testimonio de una de las innovaciones domésticas más influyentes del siglo XX.